Reseña de Halcón negro, Juan Pedro Delgado Espada






El autor: Juan Pedro Delgado (Sevilla, 1971) es licenciado en Ciencias de la Información por la Universidad de Sevilla. Ejerce como periodista realizando labores de consultoría de comunicación y edición de publicaciones. Recientemente ha terminado su segunda novela juvenil titulada El último pirata.

*Sinopsis, ficha técnica y biografía del autor extraídas de la web oficial.  

 Halcón negro irrumpe en la literatura infantil-juvenil pisando con la misma fuerza  con la que sus protagonistas sajones lo hicieron antaño. Se recomienda su lectura a partir de doce años y quizás sea ciertamente tal edad la adecuada para que quien sostiene el libro entre sus manos pueda meterse de lleno en la piel de  Thomas.

La historia del joven Thomas es la de una transformación. La mudanza vital que experimenta este pastor de catorce años desde una infancia marca por la pérdida, la violencia y la inseguridad a una madurez distinguida por la autorrealización  y el arrojo es el hilo conductor de la novela.


  Reseña:

  A través de los ojos de un niño sajón el lector descubre la barbarie de la invasión normanda en las tierras sajonas de la Inglaterra de las postrimerías del siglo XI. Y a medida que avanza la trama y también de su mano se van conociendo personajes secundarios que van otorgando al libro una interesante diversidad  temática. Ejemplo de ello son el legendario guerrero Ethealdo, la bella Edith o la misteriosa Matilde.

   Es en la segunda parte del libro en la que se asiste al renacer de Thomas ya como “Halcón negro”. A lo largo de estas páginas el peso argumental dejar de  posarse solo sobre la figura del sajón y se reparte para prestar protagonismo también a figuras históricas de entre las que destacan el Rey Guillermo o  el Conde de Salisbury.

   En resumen, Halcón Negro constituye una obra de literatura juvenil adecuada para una lectura bien individual bien escolar que enganchará a los jóvenes por lo atrayente de las batallas y de  la preparación física y mental de un joven un aspirante a guerrero. Incluso me atrevería añadir que este libro podría inducir a los jóvenes lectores a una sana curiosidad por el estudio del pasado.


Crítica:

  La lectura se adapta al nivel gramático y léxico que como mínimo habría de tener un joven de doce años que pase las páginas de este libro. La narración es ágil y el ritmo es constante, aunque quizás demasiado acelerado.

  Si bien es verdad que tal paso del tiempo mueve la historia más hacia el formato cuento que al de novela y que así se evitan atascos en la lectura, también lo es que apenas se dispone de margen para empatizar con Thomas pues el niño temeroso y frágil que conocemos en los primeros capítulos, pocas páginas después es sustituido por una versión envalentonada y adulta del mismo.  Y, en mi opinión, un personaje debe conocerse hasta el fondo. Aun conservando la capacidad de sorprender o engañar, debe saber transmitir, debe hacer creer al lector que le conoce. ¡Y máxime cuando se trata del protagonista!

  En lo referente al estilo, éste peca de sencillo.  Se echan en falta descripciones, detalles, ambientación. Las relaciones están malamente tejidas. La fidelidad, el amor, la admiración e incluso el odio que brotan de Thomas son apresurados. Las emociones y los sentimientos no están cultivados, no tienen una base y, consecuentemente, el lector no se las cree. Y si lo hace es por determinación de quien lee y no por la pluma del autor.

 
  

  Los diálogos son rígidos y las conversaciones no fluyen sino es entre estereotipos. “El padre dice que confía en su hijo. El guerrero más épico de todos los tiempos  dice que hay que ser valiente. La damisela más guapa que nunca haya visto Thomas  admira su valentía, aunque nadie más sepa apreciarla. El malo malote se ríe con sorna de él pero después ha de tragarse sus palabras etc.” Lo siento pero no me creo nada. Si me vas a contar un cuento poco original al menos  intenta que me lo crea. Aboga por la naturalidad y la cercanía de lo fantástico o de la ficción histórica en este caso. Si miles de niños han creído en el armario de Narnia, en las baldosas amarillas de Oz, en el sombrerero loco, en muggles, en Atreyu, en hobbits y elfos, en la fábrica de chocolate… ¿Qué dificultad puede haber en que crean en un joven sajón que debe enfrentarse a las hordas normandas? Ninguna y, sin embargo, muchos no lo harán.







   Con estas impresiones no pretendo configurar una crítica al libro en sí mismo ni a Delgado Espada  sino al empeño de muchos autores de “literatura infantil - juvenil” en etiquetar las historias, categorizarlas, atribuirlas un género, una edad y después, dejarlas morir en un cajón.  Las historias  que triunfan – al menos en mi opinión, claro – son las que se conciben únicamente para ser contadas, las que se escriben sin pensar en términos comerciales, educativos, dogmáticos o promocionales.

   Me da profundo coraje que casi por definición un libro para niños de doce años tenga que ser fácil, unidireccional, plano en argumento y personajes pero “profundo” en valores clásicos  (y discutibles) tales como la intrepidez, la honradez, la compasión… No me cuentes “cómo deberían” ser las cosas sino “cómo pueden ser”. Háblame de buenos que pierden, de malos que no son tan malos, de los giros de la vida, de las contradicciones del ser humano o de lo quieras…. Pero hazme soñar, no dormir. Déjame  imaginar, empújame a pensar distinto y no me des una versión prefabricada y equivocada del mundo.

  No pude soportar que con doce años y tras haber leído a Roald Dhal, a Cornelia Funke, a J.K. Rowling, a Philip Pullman, a Tolkien, a Sierra y Fabra o a Elvira Lindo (como cualquier otro niño aficionado a la lectura) me sometieran al llegar al instituto a las insulsas “lecturas obligatorias” tipo La Conferencia de los animales o Ben quiere a Ana escritas en una tarde  y media para adormecer cerebros. Y pensar que sigue sucediendo (cuando se supone que la investigación en educación aporta resultados, sugerencias y recomendaciones) me hierve la sangre. Un secreto: Los niños de doce años no son tontos  (al menos, no todos).

 

  No obstante, romperé una pica a favor de Halcón Negro y es que éste desprende un mensaje positivo (también idealizado, claro) sobre  la perseverancia, las metas y los esfuerzos para lograr los sueños. En ese punto, me quito el sombrero a pesar de que para mi gusto se ensalza en demasía el concepto clásico del “valor en batalla”. Y, para acabar, añadir que este libro (como se mentó más arriba) juega un papel importante en la divulgación ya que no sólo acerca un hecho histórico a los más jóvenes sino que también juega con un vocabulario acertado y utiliza  términos (“huescarles”, “pleitesía”…) que más adelante estudiarán (o eso espero) los lectores.

Destaco como colofón el diseño de la portada, realmente inmejorable.

   En conclusión, Halcón negro conforma un cuento breve, de fácil lectura, didáctico y entretenido que, sin embargo, infravalora considerablemente las capacidades del público ( doce años) al que va dirigido.


Agradezco el ejemplar al autor y a la editorial Ediciones Palabra.

4 comentarios :

  1. Hola!

    He nominado tu blog a los premios Liebster Award! Pásate por el mio y échale un vistazo a esta entrada: http://mirinconmasprivado.blogspot.com.es/2014/06/liebster-award-primer-premio.html

    Besos!

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  2. ¡Hola!
    No sabía de la existencia de este libro, pero la verdad es que tampoco me llama mucho la atención. Gracias por la reseña.
    Saludos, me quedo por aquí :)

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  3. Hola!!! Gracias por pasaros!! Baccana gracias por la nominación pero ya lo hice hace algún tiempo :) Y Libros inolvidables espero que te vaya gustando el blog! :)

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  4. ¡Te he nominado a un Liebster!
    http://betaluca.blogspot.com.es/2014/07/tengo-un-liebster-award.html

    ¡Besos!

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